Leyendo a través

Auscultando el papel

Aparecen suavemente unos símbolos

Que dan cota a palabras pacíficas

Usadas en un indeterminado idioma.

Se representan planos generales

Atravesados por cauces inquietos

Que enlazan gradualmente

Un documento impreciso.

Al primer instante de luz

La lectura suena a instrumento

Desafinado. Los modelos de sustitución

No tienen relación con ningún aspecto real.

Pero poco a poco, estos elementos van

Constituyéndose en artísticos

Revelando perfectamente un conjunto

Turgente y apasionado a los sentidos.

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domingo, 28 de noviembre de 2010

Colorterapia


Según la física moderna, toda la materia – incluído el ser humano – es energía, luz que vibra con diferentes frecuencias, las mismas que equivalen a los diferentes colores del Arco Iris. Por tanto, a un nivel esencial,  somos colores. Los colores nos afectan psicológicamente, están asociados con estados de ánimo o emociones. Se puede definir el color como, una sensación que se produce en respuesta a la estimulación del ojo y de sus mecanismos.
 El mundo de la naturaleza es una sinfonía de colores que expresa emanaciones de diversos rayos de luz, ya se trate de las delicadas tonos de una alborada o de los vividos matices del crepúsculo, de los tonos maravi­llosos del arco iris o de la suave intensidad del sol de mediodía en verano.
 El número de matices, tintes y tonos de un color es infinito, como lo son los diferentes aspectos mentales, emocionales, físicos y de la salud espiritual que aparecen en el aura en forma de colores.
 El aura es la manera de expresar la presencia de las energías cromáticas, dentro del cuerpo y a su alrededor.
En el aura humana hay tonos de color básicos que revelan clases definidas de talento, hábitos y carácter, y hay un número infinito de tonos de color individuales.
 Los antiguos egipcios fueron los primeros en formular la teoría de la correspondencia entre los colores y la triple constitución humana.
 La colorterapia se beneficia del efecto armonizador de los colores para estabilizar la salud y tratar los trastornos físicos, mentales y emocionales. 
 Si por ejemplo nadas en una piscina, o incluso en el mar, trata de imaginar que con cada largo que das el agua se torna de un color, disfrutando así de todas las propiedades y beneficios de la colorterapia. Aporta equilibrio, bienestar y conciencia en las 4 dimensiones del ser: cuerpo, emociones, mente y espíritu.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

UN VALIOSO RECURSO


 Cuenta una antigua leyenda, que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue
injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.
 En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente del reino, y por eso, desde el primer momento se procuró un "chivo expiatorio", para encubrir al culpable. El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas posibilidades  de escapar al terrible veredicto: ¡¡la horca ! !
 El Juez, también conjurado, cuidó no obstante, de dar todo el aspecto de un juicio justo, por ello dijo al acusado:
-"Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor, vamos a dejar en manos de Él tu destino: vamos a escribir en dos papeles separados las palabras "culpable" e "inocente". Tu escogerás y será la mano del Dios la que decida tu destino.
 Por supuesto, el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: "CULPABLE" y la pobre victima, aun sin conocer los detalles, se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa.
 No había escapatoria. El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. Este respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa, tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente.
 Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente. . .
-Pero ¿qué hizo. . . ? ! ! Y ¿ahora. . . ? ¿Cómo vamos a saber el veredicto. . . ? -! "Es muy sencillo, respondió el hombre. . . . Es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el que me tragué. . . "
Con rezongos y enojo mal disimulado, . . . debieron liberar al acusado, y jamás
volvieron a molestarlo. . .

miércoles, 20 de enero de 2010

Cambiar lo que te rodea

A veces nos sentimos completamente acorralados, como si nos encontrásemos entre la espada y la pare. Los problemas, la rutina de vida, la situación general por la que atravesamos en un determinado momento, pueden llegar a abrumarnos de tal modo que no le veamos salida, a corto plazo, por ningún sitio. Hay quien se deja arrastrar por la situación como si se tratara del flujo normal de la vida y, sin darse cuenta, se resignará a ser mecido por estos vaivenes y los soportará desde la sumisión, como limitándose a sobrevivir día tras día.
Otras personas tratan de buscar una salida al dédalo en que se encuentran dispersando su energía en todas direcciones, buscando desesperadamente una puerta sin hallarla, intentando alcanzar una escotilla a la que no se llega, deseando ver la ráfaga de un rayo de luz en una habitación sin ventanas.
Aunque esta segunda situación es más caótica,si cabe, que la primera, también creo que es la que más valor precisa para salir victoriosos de ella. Basta con que no desistamos a mitad de la lucha para revolver a la resignación. Porque cuando uno se insta a resignarse sumisamente a los vapuleos de la vida, se estanca perpetuando la esclavitud de toda su persona para el resto de la vida.
Hay que luchar. Cuando se nos cierran todas las puertas, cuando se encasquillan todas las salidas, cuando todo a nuestro alrededor se vuelve oscuro y tenebroso: hay que luchar. Luchar es no esclavizarse, es perseguir una idea fija, es no renunciar a nuestro espacio, es saber decir no a la resignación, aunque haya que nadar contra corriente, aunque otros no nos comprendan, aunque nos quedemos solos, al final encontraremos alguien que colabore y alguien que nos apoye.
Conforme pase el tiempo, nos iremos dando cuenta de que se abre una rendija ante nosotros por donde veremos la salida como un rayo de luz, como un soplo nuevo que aireará nuestros pulmones, sentiremos que la mente se despeja y que poco a poco vamos pensando con más claridad. Entonces nos alegrará comprobar que seguimos estando íntegros, que somos el que éramos, que no hemos cambiado en nada, que hemos vencido aun siendo dueños de nuestra propia esencia. Y veremos también que en este recorrido lo que sí que hemos cambiado han sido todas aquellas cosas de nuestro entorno que nos aprisionaban: hemos derribado barreras levantadas a nuestro alrededor que nos impedían ver, y que hemos cortado estacas a las que estábamos atados y nos impedían movernos, y que hemos destapado palabras nuevas que estaban en nuestro interior y nunca habíamos usado para hablar.
Lo que nos obliga a resignarnos, en la mayoría de los casos, es el miedo a derribar la barrera de los prejuicios en la que desde pequeños, por una determinada educación impuesta, nos cobijaban para mantenernos sujetos. También el miedo a cortar la cadena que nos retiene al poste de una supuesta seguridad que nos da una actitud sumisa frente a los problemas. Y, así mismo el temor a ser criticados por expresar lo que sentimos, por pedir lo que necesitamos y por decir “no” a lo que verdaderamente nos disgusta hacer.
Con bastante frecuencia, la causa por la que nos venimos abajo está, sencillamente, en el conflicto que se desencadena entre una determinada situación que nos afecta de manera imprevista, y el temor de no poder compatibilizar nuestra aptitud ante esta nueva situación, con la del papel predispuesto que habíamos estado representando hasta entonces. Hay que saber romper los papeles a tiempo. Mejor aún: no hay por qué representar ningún papel. Somos como somos y estamos aquí para saborear las cosas que nos rodean con todos nuestros sentidos, sin que nos importe el qué dirán, sin que tengamos que escondernos de nada, sin ocultarnos de nadie. No es a los demás a quienes tenemos que complacer, sino a nosotros mismos, no es la vida de los demás la que debemos vivir, sino la nuestra. Pese a que los problemas nos acorralen, hay que asomarse fuera para respirar y comerse el mundo con los ojos.