Leyendo a través
Auscultando el papel
Aparecen suavemente unos símbolos
Que dan cota a palabras pacíficas
Usadas en un indeterminado idioma.
Se representan planos generales
Atravesados por cauces inquietos
Que enlazan gradualmente
Un documento impreciso.
Al primer instante de luz
La lectura suena a instrumento
Desafinado. Los modelos de sustitución
No tienen relación con ningún aspecto real.
Pero poco a poco, estos elementos van
Constituyéndose en artísticos
Revelando perfectamente un conjunto
Turgente y apasionado a los sentidos.
Music
miércoles, 14 de diciembre de 2011
lunes, 14 de noviembre de 2011
martes, 8 de noviembre de 2011
lunes, 7 de noviembre de 2011
miércoles, 28 de septiembre de 2011
miércoles, 7 de septiembre de 2011
martes, 6 de septiembre de 2011
miércoles, 24 de agosto de 2011
El desertor
El jefe de oficiales aseguró tajantemente a su superior que Von Cholthausen nunca había discutido una orden, por dura que hubiese sido.
- ¡Cuente con el para esa cena!. Concluyó con voz áspera y severa.
Cuatro noches después, en Wurzburg, el jeep en que viajaba el general von Cholthausen franqueó los retenes de seguridad que protegían el cuartel general. El mariscal Murgdorf lo recibió en la penumbra de un espacio abierto frente al comedor. A su entrada gritó al centinela del vestíbulo el consabido saludo de “Sieg Heil Hitler”, y se precipitó hacia el interior. Apretando nerviosamente la gorra que llevaba en la mano, atravesó el recinto iluminado con arañas renacentistas, traídas del palacio de Luxemburgo expresamente para la ocasión.
Con paso tembloroso se acercó a la mesa que le tenían reservada en un ángulo de la estancia y se sentó frente a una ventana estrecha y alargada. Sabía perfectamente que no debía hacer muchas preguntas acerca del significado de esa cita, pero se atrevió a formular una: ¿por qué se le había escogido a él para el mando de “Gran Paris”?.
- Porque sabemos que usted es capaz de realizar la tarea necesaria allí-. Le contestó su interlocutor.
Von Cholthausen contempló los ojos sin brillo del hombre que tenía ante el y, repentinamente, se dio cuenta de que no era la misma persona que había conocido el verano anterior. Su rostro cansado y macilento, mostraba un aspecto envejecido. Tenía la espalda encorvada, los hombros caídos, su mano izquierda oprimía con el puño a la mano derecha, para disimular un ligero temblor del brazo que le zangoloteaba el cuerpo.
Pero lo que más le llamó la atención fue su voz: los ásperos gritos que tan a menudo había escuchado en la radio y que hace un año le infundieron tanto respeto y confianza, se debilitaban al finalizar cada frase, hasta convertirse en un débil murmullo.
El Fürer había comenzado a hablar divagando sin tino acerca del pasado, sobre lejanos episodios de su carrera, de cómo fundó el partido nazi para darle a Alemania “ la maquinaria necesaria para guiar su espíritu combativo”.
Su voz se elevaba y, por un instante, von Cholthausen creyó reconocer un eco del hombre que recordaba. Dijo que lo de Normandía solo era un contratiempo pasajero pero que pronto, con nuevas armas devastadoras, cambiaría el curso de la guerra.
Saltaba inesperadamente de un tema a otro y se le acercaba tanto que el general empezó a parpadear ante la proximidad de su aliento:
- Decenas de personas han acabado en la punta de una soga, porque quisieron impedir que realizara mi destino.
En las comisuras de los labios se formaban espumarajos de saliva, minúsculas gotitas de sudor le tachonaban poco a poco la frente, mientras hablaba, el cuerpo entero se le convulsionaba sin pensar.
- Llevaré al pueblo alemán, hasta la victoria final.
Presa de escalofríos exabruptos se dejó caer en una silla. Tras un breve letargo, habiendo olvidado su reciente excitación, habló de nuevo:
- Usted será en Paris – dijo a Cholthausen- el terror de los apóstoles de la retaguardia, cuente para ello con todo lo que considere necesario.
Sin embargo para entonces hacía mucho rato que el general ya no le prestaba ninguna atención. Tenía su mirada dirigida tras la oscuridad de la ventana, donde a penas se vislumbraba, sobre una remota pista de aterrizaje, las luces de un bombardero alemán.
Luego contempló el elegante salón comedor que el Fürer mandara decorar con suprema exquisitez. Contempló a una rubia camarera que encendía ceremoniosamente varios candelabros de plata y volvió a mirar otra vez por el cristal.
Más a lo lejos, a decenas de kilómetros de distancia entre un triángulo de luces intermitentes en el valle del Maine, divisó la zona de lanzamiento de la resistencia. El dictador erigió su copa con reverencial parsimonia y profirió exhibiendo su talante implacable:
- Por la ciudad de Paris ¡donde el pabellón alemán ondeará por mil años!.
Pero von Cholthausen no brindó. Permaneció mirando por la ventana hasta unos segundos después que el dictador se hubiese marchado: “Todo un mundo –pensó con lágrimas en los ojos- media entre este elegante banquete y el infierno que hace unas horas he presenciado en Normandía”.
martes, 23 de agosto de 2011
Poema "Yo voy soñando caminos" (recitado)
ANTONIO MACHADO
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
-la tarde cayendo está-.
"En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
"ya no siento el corazón".
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
"Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada".
Música de fondo:Secret Garden ~ Songs From A Secret Garden
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
-la tarde cayendo está-.
"En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
"ya no siento el corazón".
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
"Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada".
Música de fondo:Secret Garden ~ Songs From A Secret Garden
jueves, 11 de agosto de 2011
Alfonsina Storni
En el fondo del mar hay una casa de cristal.
A una avenida de madréporas da.
Un gran pez de oro, a las cinco, me viene a saludar.
Me trae un rojo ramo de flores de coral.
Duermo en una cama un poco más azul que el mar.
Un pulpo me hace guiños a través del cristal.
En el bosque verde que me circunda
-din don... din dan-
se balancean y cantan las sirenas de nácar verdemar.
Y sobre mi cabeza arden, en el crepúsculo, las erizadas puntas del mar.________________________________
martes, 9 de agosto de 2011
Nueva entrada
Vengo de un viaje interior, de reparar este armazón que me sostiene, de luchar contra una herida que no cicatriza, que es pura llaga que me absorbe lo que circula por mis venas, que no es sangre sino vida. El instinto de supervivencia me reserva algo que no llego a ver. No puedo subir mas porque ya estoy arriba en mi propio cenit pero al contrario que a los astros, yo no relumbro, porque mi obra no esta afuera sino dentro, en el alma, en los azares. Ni nace ni perece. Una obra que no es edificada en piedra sino en alma. Voy alzando mi obra con mis manos, que vive en mi mente como un sueño pensativo, sin perder su pureza.sábado, 16 de abril de 2011
martes, 12 de abril de 2011
viernes, 1 de abril de 2011
Otra vez Abril
Abril es la época del año que más me gusta. El tiempo es perfecto. Ni frío ni calor, si acaso esa ligera brisa que te hace acudir al abrigo de una chaqueta sobre los hombros. La versatilidad del clima te hace estar alerta ante ese inesperado chaparrón, que cae desprevenido y te empapa ensanchándote el alma bajo unos truenos que nos hacen recordar lo insignificantes que somos. Dice el refrán que “en Abril, dos horas de siesta es dormir”. Y es cierto. Al levantarme me voy a dar un paseo por el campo, cayendo la tarde, acompañada del silencio absoluto en el que oscilan lejanas las voces de las gentes del pueblo.
Es como un baño de alivio al final de la jornada, ideal para recuperar el norte después del trasiego del día. Voy sumergida en mis pensamientos. También dice el refrán que “Abril es uno bueno entre mil”: otra verdad verdadera, ya se sabe que “lo bueno escasea”: Días de felicidad, ratos de esos en los que lloras de risa, noticias que te caen como un ramalazo, palabras de consuelo y sermones para espíritus dolientes que aún no se creen que valen más tal como son que amar un sueño, instantes que te hacen valorar la vida aún más si cabe. La fortuna de quienes traen al mundo una nueva vida, charlas familiares recordando pensamientos e historias de quienes más queremos y no están con nosotros.
Y de regreso a casa, la satisfacción de volver a ver, como todos los días, a los más ancianos conversando en los bancos de la arboleda del parque, y de repente, ante ese atisbo de indulgencia y sabiduría en sus gestos, que sólo dan los años, pienso en mi padre que hoy cumple un año más de aliento y dedicación desinteresada y lloro, como si estuviera cortando cebolla, porque todavía no he sido capaz de comprender nada de la vida.
-Mamá, ¿qué hay para cenar?. La voz de mi hijo me golpea al cruzar la puerta de casa, como una bombilla que se enciende y me avisa de que ya es hora de despertar… que estoy aquí y estoy viva.
Día a día saco fuerzas suficientes para luchar, no ya en lo físico, sino por lo mío, por lo que aprecio, para ser consecuente con lo que pienso, para ser fiel a unos principios propios y a unos ideales de vida que no serán únicos ni quizá los mejores, pero son los míos.
No voy a seguir siendo un pez en este mundo continuamente a contracorriente conmigo misma porque es cansadísimo y es quimera. Es mejor la cabra que no es borrego y trepa y sube por los peñascos sin resbalarse, hasta con los ojos cerrados.
viernes, 25 de marzo de 2011
Genuinamente hablando
"En la casa del matrimonio Rodríguez,
él y ella están viendo televisión,
sin cruzarse, jamás, una palabra,
hasta el día en que se fue la luz.
Entonces, él la miró al rostro y le dijo:
“¿cómo está usted?
Creo que no nos conocemos,
mi apellido es Rodríguez.
¿Cuál es el suyo?”
Y ella le dijo:
“Yo soy la señora Rodríguez.
Será que usted y yo somos...”
De pronto, regresó la luz,
volvió a funcionar la televisión
En 1950 Eugène Ionesco en su obra La Cantante Calva parodiaba la irrupción del televisor en el hogar, en detrimento del diálogo familiar. En la actualidad el progreso ha barrido una vez más las fronteras de las distancias, y ha multiplicado las posibilidades de comunicación. Esta se ha transformado en una especie de ritual vacío, en mera cháchara banal y hueca, siempre desde lejos. Todos necesitan llamarse continuamente por el móvil, enviarse correos electrónicos, contarse lo que pasa o lo que hacen superficialmente. Mientras cada día más personas viven cada vez más solas y más incomunicadas. Incapaces de contarse sus ilusiones, esperanzas, angustias y miedos, abiertamente, incapaces de aceptarse a sí mismos, se ocultan en cambio tras la lejanía y la ausencia de una frívola pantalla para contarse la gran mentira que necesitan creer. Absorbidos por una falsa identidad que, cuando caen las máscaras, queda reducida a cenizas. Subyugados por una apariencia inestable y efímera, plagada de sensaciones artificiales que les ofrece, virtualmente, la única posibilidad de experimentar algo verdaderamente auténtico.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Proverbio irlandés
Cuando de lejos veas venir una fiera, no esperes a saber si es perro o lobo.
Prepárate para correr o luchar.
viernes, 18 de marzo de 2011
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