Leyendo a través

Auscultando el papel

Aparecen suavemente unos símbolos

Que dan cota a palabras pacíficas

Usadas en un indeterminado idioma.

Se representan planos generales

Atravesados por cauces inquietos

Que enlazan gradualmente

Un documento impreciso.

Al primer instante de luz

La lectura suena a instrumento

Desafinado. Los modelos de sustitución

No tienen relación con ningún aspecto real.

Pero poco a poco, estos elementos van

Constituyéndose en artísticos

Revelando perfectamente un conjunto

Turgente y apasionado a los sentidos.

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lunes, 29 de noviembre de 2010

Ángelus

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 El Ángelus, devoción de origen franciscano, en honor del misterio de la Encarnación, hace una síntesis admirable del mismo, de las personas que intervienen en tan gran acontecimiento y de la misión o actitud de cada una de ellas, con palabras tomadas del mismo Evangelio. 
 San Lucas refiere que el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel le dijo: 
- «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Luego añadió: 
- «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.» María respondió al ángel:
-«¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le aclaró:
- «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.» Dijo María: 
- «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Días después, María fue a casa de Zacarías y saludó a Isabel, la cual exclamó: 
- «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno» (cf. Lc 1,26ss). A modo de conclusión, San Juan añade en el prólogo de su Evangelio:
- «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1,14).

 El toque y el rezo del Ángelus no existían en tiempo de San Francisco ni fue el Santo quien introdujo esta devoción en la Iglesia, aunque la espiritualidad y piedad que él practicaba y enseñaba era un terreno bien abonado para que florecieran prácticas piadosas como ésta; véanse, por ejemplo, sus Cartas a los Custodios (1CtaCus 8, y 2CtaCus 6) y su Carta a las Autoridades (CtaA 7), donde puede apreciarse un reflejo de la costumbre musulmana de convocar al pueblo a la oración mediante el pregón del muecín desde el alminar de las mezquitas, costumbre que Francisco observó en su viaje a Oriente. 
 Por cuanto se sabe, fue Fr. Benito de Arezzo quien, hacia el año 1250, introdujo en el convento de Arezzo el Ángelus, haciendo cantar o recitar, a la caída de la tarde, la antífona El Ángel habló a María (Ángelus locutus est Mariae) mientras sonaban las campanas. El Capítulo general celebrado en Asís en 1269, y presidido por San Buenaventura, estableció que los hermanos exhortaran al pueblo a saludar a la Virgen con las palabras del Ángel cuando al atardecer sonara la campana de completas; posteriormente, ya en el siglo XIV, se introdujo el toque y el rezo del Ángelus por la mañana, y luego también al mediodía (cf. Waddingo, Annales Minorum, a. 1269, vol. IV, pág. 331; A. G. Little, en Archivum Franciscanum Historicum 7, 1914, p. 679 y nota 2, con la bibliografía allí citada).

domingo, 28 de noviembre de 2010

Colorterapia

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Según la física moderna, toda la materia – incluído el ser humano – es energía, luz que vibra con diferentes frecuencias, las mismas que equivalen a los diferentes colores del Arco Iris. Por tanto, a un nivel esencial,  somos colores. Los colores nos afectan psicológicamente, están asociados con estados de ánimo o emociones. Se puede definir el color como, una sensación que se produce en respuesta a la estimulación del ojo y de sus mecanismos.
 El mundo de la naturaleza es una sinfonía de colores que expresa emanaciones de diversos rayos de luz, ya se trate de las delicadas tonos de una alborada o de los vividos matices del crepúsculo, de los tonos maravi­llosos del arco iris o de la suave intensidad del sol de mediodía en verano.
 El número de matices, tintes y tonos de un color es infinito, como lo son los diferentes aspectos mentales, emocionales, físicos y de la salud espiritual que aparecen en el aura en forma de colores.
 El aura es la manera de expresar la presencia de las energías cromáticas, dentro del cuerpo y a su alrededor.
En el aura humana hay tonos de color básicos que revelan clases definidas de talento, hábitos y carácter, y hay un número infinito de tonos de color individuales.
 Los antiguos egipcios fueron los primeros en formular la teoría de la correspondencia entre los colores y la triple constitución humana.
 La colorterapia se beneficia del efecto armonizador de los colores para estabilizar la salud y tratar los trastornos físicos, mentales y emocionales. 
 Si por ejemplo nadas en una piscina, o incluso en el mar, trata de imaginar que con cada largo que das el agua se torna de un color, disfrutando así de todas las propiedades y beneficios de la colorterapia. Aporta equilibrio, bienestar y conciencia en las 4 dimensiones del ser: cuerpo, emociones, mente y espíritu.

sábado, 27 de noviembre de 2010

EL MACETERO (Antonio Molina)

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 Antonio Molina fue creador de un estilo propio de cantar Copla, basándolo sobre todo en la melodía de su voz cristalina y el portentoso aguante de pecho, que rozaba el minuto en algunas ocasiones. Nació en Málaga en el seno de una familia muy humilde. Cuando terminó la mili se marchó a Madrid, dándose a conocer en un concurso para noveles, que convocaba Radio España. Ganó el primer premio y le surgió su primer Contrato para grabar un disco en La Voz de su Amo, por el que le pagaron algo más de cien pesetas. Entre los temas que componían el disco estaban: El macetero y El agua del avellano, que bien pronto se fueron haciendo populares entre el gran público, que escuchaba las emisiones y programas radiofónicos de discos dedicados, y le abrieron las puertas del éxito que siempre había pretendido en la canción.
 En 1952 debuta en el Teatro Fuencarral con el espectáculo Así es mi cante. La difusión radiofónica de sus canciones le conduce rápidamente al éxito y su peculiar estilo, con una voz cristalina y un falsete inconfundible, goza de gran aceptación por parte del público.
 En 1954 crea su propio espectáculo, Hechizo, con el que debuta en el Teatro Calderón. Asimismo, protagoniza varias películas hasta 1965, entre ellas El pescador de coplas, Esa voz es una mina y El Cristo de los Faroles. En Café de Chinitas y Puente de coplas coincide con Rafael Farina.
 En 1986 regresa a los escenarios. En 1990 recibe junto a otros compañeros como Juanito Valderrama un preciado Disco de Platino en reconocimiento a su trayectoria artística. Un año antes se veía obligado a abandonar el mundo del espectáculo al diagnosticársele una fibrosis pulmonar, que se agravaría hasta su muerte en 1992. Su despedida se convirtió en una multitudinaria muestra de afecto popular.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Akonibe 1.981

 Hace veinte años que llegué a la misión 
donde vine para sólo seis semanas 
y todavía sigo en Akonibe, 
y todavía sigo en Akonibe, 
y todavía sigo en Akonibe…

  Abre tus ojos y mira las huellas 
de mis sandalias sobre la arena de la playa. 
Cada noche paseamos bajo las palmeras 
de verano y la luna sonreía todos los arbustos. 
No había más nada que pudiera desear.

  Nos quedamos solos en el refugio, bajo el sol, 
abanicándonos con trozos de corteza… 
Y, en el suelo, una gran mancha roja; 
y, en sus labios, una sonrisa picaresca… 
Dentro huele a velas encendidas.

  Dentro huele a incienso y té con canela… 
Todos los relojes del mundo se pararon y 
se pararon todos los relojes del mundo. 
Jamás volverás por la tarde, si me esperas… 
nunca volverás de dormir bajo la arena.

Dejando huella

Pisas
la  Tierra
al   andar
la   pisas
 fuerte
y no se
 inmuta.
 No se le puede
hacer  daño

 a la tierra 
al pisar

EL Kilimanjaro

Como una masa de tierra removida
cuyos granos han perdido la cohesión
y han tomado una forma cónica.
El ángulo que forma la superficie inclinada
del enorme montón es suficiente
para sostener el talud natural.
Sin más entibación que la que da
la propia naturaleza
el espectáculo, a lo lejos,
bajo el rasante del terreno
resulta grandiosamente acodalado,
desafiando las leyes de la Naturaleza.

La premonición

“Este es el episodio preferido de mis nietos. Cuando vienen de Pachacamac a Lima, yo se lo cuento en el sofá de la sala. Mientras que su abuela nos prepara en la cocina unos deliciosos panqueques que siempre prepara al final de la historia:

 Cuando muchas veces una fuerza (que no sabemos cómo llamarla, hay quien dice que es casualidad, hay quien dice que es la Providencia, hay quien dice que es superstición), le dice a nuestra conciencia que vayamos por un sitio por el que la razón, o los impulsos o nuestros intereses nos advierten que no vayamos y, al final, hacemos caso a esas voces ocultas y comprobamos que, de no haber prestado atención, nos habríamos dirigido al desastre, nos sorprende la manera en que esa fuerza interior nos alertó de ese peligro latente que desconocíamos por completo.
 Hacía diez años que el ingeniero Gálvez y su hija se había instalado cerca de
nuestra pequeña aldea, en la altiplanicie interandina. Se marchó allá al poco
tiempo del accidente que le costó la vida a su esposa, cuando Cara apenas
contaba siete años de edad. Augusto Gálvez dirigía las explotaciones mineras de la zona y, dado las desfavorables condiciones naturales del terreno, había
creado una especie de traje con alas, autopropulsado, que le permitiría
sobrevolar con manejabilidad por el escarpado territorio donde, diariamente,
tenía que transitar.
 El ingeniero exhaló un suspiro de satisfacción mientras contemplaba, orgulloso su obra terminada, o casi terminada: faltaba la prueba final.
- ¡ Será un invento revolucionario! – dijo satisfecho –¿sabrás seguir
guardándome un poco más este secreto?.
- Sí, papá. ¿Cuándo vas a probarlo?.
- ¡El próximo sábado al anochecer, cuando los campesinos hayan dejado sus
campos, seré yo mismo quien vuele en él!.
- ¡Guárdalo de nuevo en su bolsa, Cara! ¡Tengo que regresar a las minas!
–Ordenó el ingeniero mientras cerraba con fuerza la puerta del granero.
- ¡Pobre papá! –pensó Caraire- ¡Ojalá funcione su invento! ¡Le ha dedicado
tantos años! ¡Pero no quiero que ocurra una tragedia: suerte que lo convencí de que se colocara un paracaídas de emergencia!, si algo falla… ¡no caerá en
picado desde la cumbre! ¡Pero creo que voy a asegurarme yo misma de que esto funcione!.
 El taller estaba instalado en el granero de su casa, donde el ingeniero pasaba
largas horas dedicándose tanto a su invento, como a la construcción y
perfección de otros útiles que le encargaban los campesinos del lugar, para
facilitarles el trabajo. A Cara le encantaba ver como se les iluminaba el rostro a aquellas gentes ante los útiles artilugios que les hacía su padre:
arados o tacllas que llegaban a los sitios más escarpados, máquinas de moler y de aventar, lavadoras sin motor y que ayudaban enormemente a las labores de hombres y mujeres de las aldeas vecinas, hasta donde llegaba la fama de los artilugios del ingeniero Gálvez.
 Ahora estaba a punto de comprobar la utilidad de su gran obra a la que había
dedicado la mayor parte de su tiempo desde que se instaló allí. Aquella misma
semana se disponía a hacerla funcionar con él dentro, por lo que Cara se sentía recelosa y preocupada. Bueno, no solamente por esto…
 Hacía varias semanas que la población del lugar estaba un poco revuelta por no sabía bien qué cosa. Pero según había escuchado Cara, parecía que algunas
gentes vislumbraron en el cielo un ave que auguraba mal agüero, y la mayoría de los habitantes de la zona se encontraban muy nerviosos e intranquilos porque pensaban que, probablemente, se avecinaba una terrible catástrofe.
 Pero  Cara o Caraire había decidido, ante todo, proteger la vida de su padre. Porque estaba casi segura de que lo que aquel extraño pájaro había ido a anunciar era el fracaso del invento que los dos –su padre y ella -, llevaban tan en secreto.
 A mediodía, mientras a Augusto le quedaba todavía rato que estar en la mina,
Cara regresó al granero y se acercó, nerviosa, a la bolsa en donde había guardado el aparatoso traje. La cogió con mano temblorosa, se la echó a la espalda y salió de nuevo al exterior. Cara estuvo andando y andando, el tiempo suficiente como para estar lo más lejos posible de la vista de su padre.
  Atravesó páramos, escaló alturas, y llegó a un monte a cuyo borde se divisaban las aguas plateadas de una laguna, se acercó y miró:
-¡Es el sitio perfecto! -Pensó- En caso de que esto se precipite al suelo, la
laguna me servirá de colchón.
Sin pérdida de tiempo la muchacha se puso, con cuidado, aquella extraña
vestimenta. Comprobó que las distintas piezas y mandos quedaban en su sitio y, finalmente, sujetando el paracaídas por los tirantes, se lo colocó en la
espalda como una mochila y lo abrochó con fuerza. Luego localizó la anilla y
respiró con alivio. Se sentía un poco más incómoda de lo que había imaginado. “Tiene que ser algo muy ligero”, había dicho su padre: “No más de nueve kilos, con el depósito lleno”.
- ¡Bueno! – pensó – ¡será cuestión de acostumbrarse!. Y buscó, emocionada, el
contacto para arrancar, “Y, ahora… ¡a volar!”.
 Aquello fue a las mil maravillas. Nunca había experimentado nada igual. Una
experiencia sorprendente e inolvidable. Como sorprendente e inolvidable fue lo
que ocurrió a continuación.
 Al salir de un cañón muy próximo al lugar donde trabajábamos su padre y yo, en una zona escarpada entre pequeños valles, divisó un reducido grupo de casillas que, desde la altura a la que sobrevolaba, se veían de juguete. Los diminutos habitantes de la aldea parecían atareados como hormiguitas, corriendo de un sitio para otro, pero, de pronto, ocurrió algo imprevisto: Cara escuchó el sonido de unos estampidos que parecían ahogarse en el aire:
 
- ¡Cielos!, – exclamó asustada – ¡me están disparando!. Y, rápidamente,
volteando tras una arboleda, localizó una allanada meseta en donde decidió
aterrizar.
 Después de mucho caminar regresó al granero, dejó el traje en su sitio, como lo encontró antes de cogerlo, perfectamente guardado en la bolsa, y entró en su casa, dispuesta a olvidar todo cuanto había ocurrido y descansar. Al poco, llegó su padre un tanto preocupado. Comenzó a explicarle a Cara lo recelosos que habían estado los aborígenes de meterse en las minas todos estos días – por lo del ave de mal agüero que alguien vio merodear la región, hace algunas semanas -. Pero, lo que colmaba la paciencia del ingeniero, era que estaban completamente decididos a abandonar el valle, e instalarse en una angosta faja de desierto que había más al sur:
-¡Dicen que ese maldito pájaro se les ha vuelto a aparecer hoy! ¡Y algún
insensato, que se ha atrevido a dispararle, ha provocado la ira del ave! ¡Por
lo que, esta misma noche ocurrirá una terrible catástrofe! ¡Y es inútil
convencerles de lo contrario: están dispuestos a marcharse!.
“No hay duda –pensó Caraire, preocupada- es la gente que me disparó: ¡madre
mía, me confundieron con el pájaro! ¡Menuda la he armado!”.
 Aquella noche, padre e hija cenaron en silencio y se acostaron enseguida.   Entre sus mantas calentitas, tejidas artesanalmente por las mujeres quechua del lugar, Cara pensó en lo mal que se portó la tarde anterior: “Todo por coger,
sin permiso, el invento de papá” .Y no podía dormir. Quizás debería contárselo
todo a él y que éste les dijera a aquellas gentes que regresaran a sus casas,
porque nada iba a ocurrir… Sí, eso es lo que decidió hacer. Cerró los ojos
cansada y agotada por lo acontecido en la pasada jornada, y, sintiéndose mucho mejor, durmió profundamente.

                      * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
 Vuestra abuela, todavía se emociona después de tantos años, al recordar cómo, a la mañana siguiente, muy de madrugada aún, me escuchó hablar con su padre: yo era entonces el capataz de las minas y había subido, alarmado, hasta el hermoso porche de su sólida y resistente casa de roca, que el mismo ingeniero Gálvez, diseñó y mandó construir en una planicie desde donde se divisaban, hacia arriba, las superficies nevadas de la Cordillera Blanca; hacia abajo, en el distrito de Huallancá, las terrazas cultivadas en escalera, cortadas transversalmente por el valle del Río Santa.
- Señor ingeniero, –me oyó decir- ¡ha sido terrible! La noche pasada la tierra
ha temblado en todo el valle, nuestras aldeas han quedado convertidas en un
montón de escombros. ¡Suerte que el pájaro nos avisó ayer! ¡Si no, todos
hubiésemos muerto sepultados bajo los derribos!.
 En ese momento, Cara sale sonriente de la cocina con una bandeja de panqueques y tres tazas de chocolate.”
                          

"No es Dios de muertos sino de vivos" (Lc 20,27-40).

El máximo enigma de la vida humana es la muerte. Sufrimos con el dolor y con la disolución progresiva del cuerpo. Pero el máximo tormento es el de la desaparición perpetua. Resistiéndonos a aceptar la perspectiva de la ruina total y del adiós definitivo. Sin embargo, la semilla de eternidad que llevamos en nosotros, se levanta contra la muerte. Todos los esfuerzos de la técnica moderna, por muy útiles que sean, no pueden calmar esta ansiedad del humana; la prórroga de la longevidad que hoy proporciona la biología no puede satisfacer ese deseo del más allá que surge del corazón. 
Pero mientras toda imaginación fracasa ante la muerte, Jesús nos dice que el hombre ha sido creado por Dios para un destino feliz situado más allá de las fronteras de la miseria terrestre. La fe cristiana nos enseña que la muerte corporal, que entró en la historia a causa del pecado, será vencida cuando el omnipotente y misericordioso Salvador restituya al hombre en la salvación, perdida por el pecado. Dios nos ha llamado y nos llama a adherirnos a Él con la total plenitud de su ser en la perpetua comunión de la incorruptible vida divina. Cristo resucitado ha ganado esta victoria para el hombre, liberándolo de la muerte con su propia muerte. Para todo hombre que reflexione, la fe, apoyada en sólidos argumentos, responde satisfactoriamente al interrogante angustioso sobre nuestro destino futuro y el de nuestros queridos hermanos arrebatados por la muerte, dándonos la esperanza de que poseen ya en Dios la vida verdadera.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Pensar en nosotros

—Señor, ¿acaso soy yo culpable de tener preocupaciones? Ya quisiera no

tenerlas, ¡pero me vienen por todas partes! No entiendo por qué han de privarme de tu Palabra, si no son pecado, ni vicio, ni defecto. 
—¡Porque olvidas que Yo soy tu Padre y te dejas esclavizar por un mañana que no sabes si llegará!

 

«Si viviéramos con más confianza en la Providencia divina, seguros 
—¡con una firmísima fe!— de esta protección diaria que nunca nos falta, ¡cuántas preocupaciones o inquietudes nos ahorraríamos!.
Yo quisiera grabar a fuego en vuestra mente  —nos dice San Josemaría— que tenemos todos los motivos para andar con 
optimismo en esta tierra, con el alma desasida del todo de tantas cosas  que parecen imprescindibles, puesto que vuestro Padre sabe muy bien lo
que 

necesitáis!, y Él proveerá». Dijo David: «Pon tu destino en manos del Señor, y él te sostendrá». «Yo no debo tener máspreocupaciones que tu Gloria..., en una palabra, tu Amor» .

PADRE DE AMOR

 "Dios es Amor" (1 Jn 4,16), significa no sólo que ama, sino que El es el amor mismo, viviente y sustancial. "Dios es amor" es la frase que refleja fielmente el amor de Dios. Por eso dice San Juan: "El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor" (1 Jn 4,8). Luego el amor proviene de Dios y es Él quien lo demuestra a cada persona otorgándole la capacidad de amar El siempre mora en una atmósfera de amor. El objeto fiel del amor de Dios es Jesucristo, y así lo expresa el Padre: "Este es mi Hijo amado, en el cual me complazco" (Mt 3,17). 
 Leemos en el libro de la Sabiduría: "'Amas a todos los seres, y no aborreces nada de lo que has creado". Y el Nuevo Testamento: “Dios demuestra el amor que nos tiene, porque cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros" (Rom 5,8). "Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo"(103,16).  

 El amor de Dios supera la comprensión humana y nos pone en una situación difícil de resolver. Sólo por la Revelación de su Hijo, comprendemos su amor a nosotros, los pecadores y nos demuestra la gratuita oportunidad de redimimos, "Quiere que todos los hombres se salven,y que vengan al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2,4). "En esto se mostró el amor de Dios en que nos entregó a su Hijo para que vivamos por él. En esto consiste el amor de Dios: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados" (1 Juan 4,8).

 

 


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 Pero ¿qué es lo que Dios ama para seguir siendo Dios? Porque si Dios ama algo que no sea El mismo, deja de ser infinito, pues, por serlo, no le falta ninguna perfección. Dios ama a Sí mismo como Sumo Bien y ama el bien suyo que hay en cada criatura. Algunos filósofos, acusan a Dios de egoísmo trascendental porque ama todas las cosas en orden a él mismo, ignoran la naturaleza del amor, e ignoran la condición de la perfección de Dios, que si amara algo que no fuera él como objeto primario, lo que amara, le faltaría a él y entonces ya no sería Dios; porque si Dios es infinitamente perfecto, en ese caso no lo sería, pues le faltaría la perfección que buscaría en otro ser. Por otra parte, egoísmo es amar buscando su bien propio sacrificando todo lo demás, pero Dios busca siempre el bien de todas sus criaturas y no puede amar en ellas más que el bien, la bondad; la verdad y la belleza que él les ha comunicado o les está comunicando.

(El amor de Dios: Padre Jesús Martí Ballester)

Dichos de luz y amor

San Juan de la Cruz (1542-1591). Carmelita descalzo, doctor de la Iglesia Avisos espirituales:


Oración de alma enamorada: 

¡Señor Dios, amado mío! Si todavía te acuerdas de mis pecados para no hacer lo que te ando pidiendo, haz en ellos tu voluntad, que es lo que yo más quiero. Y si es que esperas a mis obras para por ese medio concederme mi ruego, dámelas tú y óbramelas, y las penas que tú quisieras aceptar... ¿Quién se podrá librar de los modos y términos bajos si no le levantas a ti en pureza de amor? ¿Cómo se levantará a ti el hombre, engendrado y criado en bajezas, si no le levantas Tú con la mano que le hiciste?

¿Con qué dilaciones puedes amar a Dios en tu corazón? Pues ¿qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te pongas en menos ni repares en meajas que se caen de la mesa de tu Padre. Sal fuera y gloríate en tu gloria, escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón.

CARGAR NUESTRA CRUZ

 El cristianismo es un mensaje de amor. ¿Por qué entonces exaltar la Cruz? Además la Resurrección, más que la Cruz, da sentido a nuestra vida. Pero ahí está la Cruz, el escándalo de la Cruz, de San Pablo. Nosotros no hubiéramos introducido la Cruz. Pero los caminos de Dios son diferentes.Los apóstoles la rechazaban. Y nosotros también.


 La Cruz es fruto de la libertad y amor de Jesús. No era necesaria. Jesús la ha querido para mostrarnos su amor y su solidaridad con el dolor humano. Para compartir nuestro dolor y hacerlo redentor. Jesús no ha venido a suprimir el sufrimiento: el sufrimiento seguirá presente entre nosotros.


  Tampoco ha venido para explicarlo: seguirá siendo un misterio. Ha venido para acompañarlo con su presencia. En presencia del dolor y muerte de Jesús, el Santo, el Inocente, el Cordero de Dios, no podemos rebelarnos ante nuestro sufrimiento ni ante el sufrimiento de los inocentes, aunque siga siendo un tremendo misterio.

 
 Jesús, en plena juventud, es eliminado y lo acepta para abrirnos el paraíso con la fuerza de su bondad: "En plenitud de vida y de sendero dio el paso hacia la muerte porque El quiso. Mirad, de par en par, el paraíso, abierto por la fuerza de un Cordero" (Himno de Laudes).
En toda su vida Jesús no hizo más que bajar: en la Encarnación, en Belén, en el destierro. Perseguido, humillado, condenado. Sólo sube para ir a la Cruz.  Y en ella está elevado, como la serpiente en el desierto, para que le veamos mejor, para atraernos e infundirnos esperanza. Pues Jesús no nos salva desde fuera, como por arte de magia, sino compartiendo nuestros problemas.
 Jesús no está en la Cruz para adoctrinarnos olímpicamente, con palabras, sino para compartir nuestro dolor solidariamente. Pero el discípulo no es de mejor condición que el maestro, dice Jesús. Y añade: "El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y me siga". Es fácil seguir a Jesús en Belén, en el Tabor. ¡Qué bien estamos aquí!, decía Pedro. En Getsemaní se duerme, y, luego le niega. "No se va al cielo hoy ni de aquí a veinte años.
 Se va cuando se es pobre y se está crucificado" (León Bloy). "Sube a mi Cruz. Yo no he bajado de ella todavía" (El Señor a Juan de la Cruz). No tengamos miedo. La Cruz es un signo más, enriquece, no es un signo menos. El sufrir pasa, el haber sufrido -la madurez adquirida en el dolor- no pasa jamás. La Cruz son dos palos que se cruzan: si acomodamos nuestra voluntad a la de Dios, pesa menos.
 Si besamos la Cruz de Jesús, besemos la nuestra, astilla de la suya. Es la ambigüedad del dolor. El que no sufre, queda inmaduro. El que lo acepta, se santifica. El que lo rechaza, se amarga y se rebela.


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REFLEXIÓN SOBRE EL PADRE NUESTRO

No digas, PADRE, si cada día no te comportas como un hijo,
No digas, NUESTRO, si vives aislado en tu egoísmo,
No digas, QUE ESTÁS EN LOS CIELOS, si sólo piensas en las cosas terrenales,
No digas, SANTIFICADO SEA TU NOMBRE, si no lo honras,
No digas, VENGA A NOSOTROS TU REINO, si lo confundes con el éxito material,
No digas, HÁGASE TU VOLUNTAD, si no la aceptas cuando es dolorosa,
No digas, EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA, si no te preocupas por la gente que tiene hambre,
No digas, PERDÓNANOS NUESTRAS OFENSAS, si le guardas rencor a tu hermano,
No digas, LÍBRANOS DEL MAL, si no tomas partido contra el mal,
No digas, AMÉN, si no has entendido, o no has tomado en serio las palabras del PADRE NUESTRO.
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"SÉ CRISTIANO POR CONVICCIÓN, Y NO POR TRADICIÓN" "JESÚS NO ES RELIGIÓN, ES RELACIÓN"
(Inspirado en la Biblia - Autor Desconocido)

NO PASA NADA


Dualidad
Camino a tu lado
Pero no te miro
Hablo de Ti
Pero no hablo contigo
Digo a los otros lo que Tú haces
Pero dudo que lo hagas conmigo

¿De qué sirve la fuente si le falta el agua?
¿Qué es este cuerpo si le falta la vida?
Extraña dualidad:
Hablar del Pan
Mientras estoy hambrienta
Enseñar en el camino
Y sentirme perdida
Nombrar la Verdad
Y estar engañando
Saber dónde fluye la vida
y estar como muerta
Sacúdeme Señor,
Para que yo despierte.
 Si alguien hoy me pregunta acerca de Dios, puedo hablar de Él, porque lo he conocido, aunque no precisamente pueda referirme a mi encuentro con Él en estos días en que nada ha pasado…
  Lo único que puedo hacer es repetir esta oración, “sacúdeme Señor, para que yo despierte”… y pueda experimentarte cad a día, pueda aprenderte cada día, pueda encontrarte y responder a tu Voz que me llama y me dice que me esperas, que amas, y que otra vez, me esperas.
¡Sacúdenos Dios mío! si hemos permanecido dormidos, si hemos vivido esta dualidad de ser sin Vos, de ser sin Vida .
  Él tiene tanto, tanto para darnos y nosotros preferimos seguir alimentándonos de migajas. El tiene cosas grandes y ocultas que aún no conocemos y nosotros decidimos mirar hacia otro lado o permanecer ciegos.
¡Sacúdenos Dios mío! ¡Despiértanos!
Y la promesa resuena: “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”. Jeremías 29:13
Cuando nada pasa, necesitamos que Dios nos sacuda y nos despierte, para que todo vuelva a pasar.


Sermón de la montaña

En el Sermón de la montaña Jesús nos advierte que a todos llega el momento de la desolación, de darnos cuenta de que toda la vida depende de una Providencia que, cuidadosa y amorosamente, escribe nuestra historia. A veces no podemos evitar castigarnos diciendo: "¿De qué sirve mi vida si no puedo hacer nada? soy un inútil".
Somos imagen y semejanza de Dios que es Amor y, aun estando enfermos y necesitando ayuda para nuestros cuidados, tenemos una preciosa oportunidad para sacar lo mejor de los que hay a nuestro alrededor, abandonarnos en sus manos y recibir, a través de la libertad el amor de otros, todos los dones que Dios nos quiere dar.

Las Bienaventuranzas nos recuerdan que el ser humano no se valora por el exterior, sino que la dignidad está en que somos hijos de Dios y nada ni nadie podrá retirarnos ese título. Ni la enfermedad, ni la inactividad, ni el daño infringido por otros.
Además, puesto que a Él pertenecemos, y dispone de nuestra vida y de todos nuestros talentos para ponerlos en beneficio de los demás, sólo Dios es el dador de la dignidad que nos ha sido otorgada desde el principio hasta el fin de la vida

LA ORACIÓN

«La primera condición de la oración es la perseverancia; la segunda, la humildad:
-Sé santamente tozudo, con confianza. Piensa que el Señor, cuando le pedimos algo importante, quizá quiere la súplica de muchos años. ¡Insiste!..., pero insiste siempre con más confianza». (Forja.-535). Jesús, a veces no cumplo ni siquiera con la primera condición de la oración: la perseverancia. Me canso de pedir, me desanimo, me olvido. Hoy me explicas, casi de manera cómica, que es necesario «dar la lata» también a Dios.
- «Ya que esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a importunarme». ¿Cómo te estoy «importunando» con mis peticiones? ¿Soy santamente tozudo a la hora de pedir por lo que necesito o por las necesidades de los demás? Jesús, tu Madre me ha dado un buen ejemplo de cómo pedir, cuando se da cuenta que falta vino en las bodas de Caná. Cuando Tú le respondes:
-«Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí? Todavía no ha llegado mi hora» (Juan 2, 4), ella no se desanima, sino que insiste con confianza hasta que consigue lo que quería. Madre, tú estás también deseosa de interceder por mi cuando tenga un necesidad. Para eso eres mi madre. Y la mejor manera de pedirte algo es rezando el Rosario: 
«No dejéis de inculcar con todo cuidado la práctica del Rosario, laoración tan querida de la Virgen y tan recomendada por los Sumos Pontífices, por medio del cual los fieles pueden cumplir de la manera más suave y eficaz el mandato del Divino Maestro: Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá» (Pio XI, Encíclica Ingravescentibus malis, 29-IX-1937). (Esta meditación está tomada de: Una cita con Dios de Pablo Cardona).

PARA VIVIR HAY QUE MORIR

"Es necesario que el Hijo del hombre sufrav mucho, que sea rechazado por los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley, que lo maten y que resucite al tercer día" (Lc. 9,22). ¡Qué gran paradoja: para vivir hay que morir!. Jesús nos dice que seguirle a él es encontrarse con el misterio de la Cruz, es negarse, para darse, ofrecerse a otro, donar diciendo sí a nuestra cruz personal, en la que morimos día a día, momento a momento.

 Nos dice Jesús que amar es coger algo de sí mismos, arrancarlo de nuestro ser y entregarlo al otro para enriquecerlo, embellecerlo y hacerlo más grande. Así debemos plantearnos cada día, diciendo: ¿a qué tengo que morir diariamente para que otros puedan vivir?. Jesús nos ha enseñado a no tener miedo a entregarnos a los demás, a vivir este Evangelio de seguimiento. El que quiera seguirle, y nosotros queremos, no debe temer al sufrimiento ni a su Cruz, ni al dolor. Porque ahí está el Señor esperándonos a cada uno de nosotros para asociarnos a su pasión y, mediante ella, a su Santa Resurrección.

FIELES A LA PALABRA DE DIOS


Antes de irse de este mundo Jesús nos aseguró:
"Yo me quedaré con vosotros hasta el final de los tiempos". Y así fue: se quedó en la Eucaristía, en nuestro corazón ("el Reino de Dios está dentro de vosotros") y se quedó en la palabra del Evangelio. Por muy leído, por muy escuchado que lo tengamos, cada nuevo día podemos descubrir que tiene algo nuevo que
comunicarnos.

 A veces pensamos que esta vida es un valle de lágrimas. No es así. Más bien es una paisaje lleno de montañas que hay que escalar, valles en los que descansar, ríos donde saciar la sed, árboles donde descansar, piedras que sortear. Cierto que hay momentos en la vida en los que las lágrimas nos ahogan de puro dolor. Ya sea por el dolor propio, frente al cual los primeros sorprendidos por una fortaleza que no es nuestra, somos nosotros, ya sea por el dolor de los demás.
Es en los momentos en los que todo se oscurece, que nuestra vida se desenfoca, cuando leer un texto del Evangelio nos puede recolocar en el camino. Analizando nuestros pensamientos al hilo del Evangelio del día, siempre descubriremos que Jesús nos acompaña, que es el empuje que necesitamos para echar a andar, o para cerrar los ojos del corazón cuando llega la noche. 
Y sin embargo, cuántas veces nos olvidamos de agradecer todas esas cosas buenas que también nos llegan y que son el reflejo del cariño y el amor de Dios, del que nosotros somos sus mensajeros. Con Él debemos encarar cada día con la mirada limpia de un niño, e irnos a dormir con el abrazo de Nuestra Madre.

(Dra. Blanca López Ibor, Jefa del Departamento de Oncología Pediátrica del Hospital
Montepríncipe).


¿POR QUÉ EXISTE EL MAL?

Para saberlo, Jesucristo nos ilumina a la luz de la misericordia de Dios. Hay males como catástrofes y enfermedades, y otros que hay en el corazón del hombre. En la parábola del trigo y la cizaña (Mateo, 13,24-43). Dios siembra semilla buena en el ser humano, pero también el enemigo siembra cizaña. Sería fácil decir "Dios, arranca del mundo el mal, quita todos los pecadores". Mas difícil decir quién es el más justo y quién el más pecador. Dentro de uno mismo hay pasiones, perezas, 
envidias, iras, lujurias y muchas otras cosas que son cizaña y no son buenas. Llegará el día en que toda la parte buena de nuestro ser se desarrolle y llegue a su plenitud y Dios purificará nuestro corazón. 
 Muchos ya se purifican mediante su purgatorio personal de la enfermedad o el dolor y llegan preparadísimos, y con un amor muy limpio, a la
Eternidad.

 No sabemos por qué existe el mal, pero sí que es la ausencia del bien, y fruto de la libertad del hombre que se equivoca (queriendo o sin querer). Dios misericordioso tiene paciencia suficiente para redimir al mundo y nos salvará. Es la impaciencia de los hombres la que lo estropea. De modo que confiemos en Dios como remedio y camino para 
nuestra salvación. (Benedicto XVI, en su promer discurso como Papa).

Reflexión

Hoy 12 de Octubre de 2010 (Pbro. Ernesto María Caro).- Una cosa que no nos ayuda a crecer en santidad es el maximizar lo que quizás no es importante y minimizar lo que sí lo es. Hoy en día, como en el tiempo de Jesús, se le da mucha importancia a la "exterioridad". Incluso, en el sacramento de la Reconciliación, se amplifican algunas de las faltas y se pasa por alto la caridad. Existen personas que, cegadas por algunas faltas, muchas veces de índole totalmente exterior o fallas en el carácter, no son capaces de ver sus faltas a la caridad hacia Dios y hacia los hombres.
Quizás valdría hoy la pena que revisaras cuáles son tus criterios y tus prioridades; cuáles son las cosas verdaderamente importantes para ti, pues de esto dependerá fundamentalmente tu vida moral.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. 
Como María, todo por Jesús y para Jesús.