Leyendo a través

Auscultando el papel

Aparecen suavemente unos símbolos

Que dan cota a palabras pacíficas

Usadas en un indeterminado idioma.

Se representan planos generales

Atravesados por cauces inquietos

Que enlazan gradualmente

Un documento impreciso.

Al primer instante de luz

La lectura suena a instrumento

Desafinado. Los modelos de sustitución

No tienen relación con ningún aspecto real.

Pero poco a poco, estos elementos van

Constituyéndose en artísticos

Revelando perfectamente un conjunto

Turgente y apasionado a los sentidos.

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lunes, 20 de diciembre de 2010

El eterno problema


Pensamos que la desmoralización general que vivimos hoy, es propia del frenético modo de vida que llevamos en las últimas décadas. Sin embargo, este problema viene existiendo desde la remota antigüedad. Hesíodo, poeta griego del 700 a. de C. en su obra La Teogonía describió de esta forma las tribulaciones generacionales de la sociedad de su época:
“¡Ojalá hubiese muerto o nacido más tarde! Pues la actual familia humana es de hierro. En su miseria, estos hombres de hoy no reposan ni de día ni de noche, acosados por angustias y penalidades (…) su plaga mayor son ellos mismos. El padre no respeta al hijo, ni el hijo al padre; el huésped odia al amigo que le cobija, el compañero al compañero, y tampoco, como antaño, reina entre hermanos el amor cordial y sincero. Incluso se niega la veneración a las canas de los padres, quienes se ven obligados a escuchar dicterios afrentosos y a soportar malos tratos. ¡Oh, hombres crueles! ¿No pensáis en la justicia de los dioses, pues os negáis a tributar a vuestros ancianos progenitores la gratitud que les debéis por sus cuidados? Por doquier impera sólo el derecho del más fuerte y no se piensa sino en devastarse mutuamente las ciudades. No es respetado el que proclama la verdad, el justo y virtuoso, sino que se honra únicamente al malhechor, al despreciable criminal.
El derecho y la moderación no cuentan ya; el malo puede herir al noble, pronunciar palabras engañosas y falaces, jurar en falso. Por eso son estas humanas criaturas tan desgraciadas. La envidia maliciosa e irascible les persigue y atormenta (…). Los tristes mortales se han quedado solos con sus miserias, para las que no pueden esperar remedio alguno

domingo, 19 de diciembre de 2010

"... Y le puso por nombre Jesús" (Lc 2,7.21).


  El nombre dado a una persona era de importancia vital en la antigüedad, venía a ser algo  así como su esencia, “su yo”; allí donde estaba el nombre estaba la persona (Dt 12, 5). Lo que no tuviera nombre simplemente no existía (Ecl 6, 10).
 Un hombre “sin nombre” era insignificante (Job 30, 8). El nombre implicaba, además, la misión encomendada a una persona y, si este no se correspondía con la misión, “otro nombre” le era impuesto.
 En este contexto cultural el nombre “Jesús”, en palabras de San Bernardo, no lleva un nombre vacío o inadecuado. El nombre anunciado por el ángel expresaba la misión salvífica que el Hijo de Dios hecho hombre debería realizar y señalaba su cometido: “…le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará al pueblo de sus pecados” (Mt 1,21).
“Jesús” es la forma latinizada del griego “Iesous”, término con el que Cristo es identificado en el Nuevo Testamento, significa: “Yahveh salva". Cristo es el “título” con el cual Jesús se menciona mil 514 veces en el Nuevo Testamento. La palabra “Cristo”, es el equivalente griego de la palabra hebrea “Mesías”, que significa “Ungido”. En la Ley antigua, a los sacerdotes y reyes se les llamaba cristos a causa de la crismación. Por esta unción a Cristo en persona y a los que participan de la misma gracia espiritual, se les llama 'cristianos'.
 Con el nombre “Jesucristo” se identifica, pues, a Aquel que hilvana la Antigua y la Nueva Alianza. El que fue prometido y esperado como Mesías, como Cristo, como “El Ungido”, consuma la obra de la redención como Jesús, como "El Salvador".
 En nombre de este “Nombre que está sobre todo nombre”, se acoge (Mt 18, 5), se hacen milagros (Mt 7, 22), se ora (Jn 14,13), se envía (Jn 14, 26)…, invocando este nombre los cristianos son incorporados por el bautismo a la Iglesia, “cuerpo de Cristo”, comunidad de “ungidos”, y quedan insertados en Aquel cuyo nombre es Santo, Uno en esencia y Trino en personas.
 Por el hecho de ser el Salvador, Cristo puede salvarnos de nuestros pecados; por el hecho de ser sacerdote, nos puede reconciliar con Dios Padre; por el hecho de ser rey, se digna darnos el Reino eterno de su Padre.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Canon en Re mayor de Johann Pachelbel, con instrumentos originales



 Johann Christoph Pachelbel (1563-1706) es el principal colaborador en la música instrumental del Barroco. El Canon y Giga en Re mayor para tres violines y bajo continuo es su obra más conocida. Presenta un complicado entrelazamiento de contrapunto, en el que van entrando sucesivamente las notas, repitiendo o imitando cada una a la que le antecede, a lo largo de toda la composición. Su complejidad aumenta hacia la parte central de la pieza cuando las variaciones se van haciendo más enrevesadas. Después, la pieza vuelve gradualmente a una estructura menos compleja. Está basada, tanto armónica como estructuralmente, sobre un patrón rítmico que se repite 28 veces. Su aportación al coral para órgano y al magnificat fue decisiva para el ulterior desarrollo de la concordancia de voces contrapuestas en manos de J. S. Bach.
Por encima de la música: el Canon de Pachelbel.
(Video interpretado por: San Francisco Early Music Ensemble Voices of Music)

viernes, 17 de diciembre de 2010

Una escalera a la Eternidad

Yo nunca me había atrevido a abrir aquella puerta
que, según decía la leyenda, conducía a la eternidad. Pero
aquel día,
impulsada por una curiosidad irresistible
que nunca había experimentado en mi vida,
me atreví a abrirla y entré.

 Era un cuarto oscuro como de un metro cuadrado y tan 
sólo tenía unas escaleras estrechas que subían en espiral.
Comencé por subir un par de escalones para comprobar si
se veía el final y entonces la puerta se cerró detrás
de mi, con un golpe sordo, cuando bajé para abrirla de nuevo, ya no estaba allí
y todo quedó completamente a oscuras.
Volvía a subir por la escalera, no había barandilla,
Sólo subía y subía apoyando mis manos a ambos lados de la pared.
Estuve así durante un cuarto de hora y los escalones
No llegaban a ninguna parte.
Pensé que, quizás, no había subido lo suficiente
Y seguí avanzando más y más. Creo
Debieron pasar dos o tres horas. De vez en cuando paraba
para descansar sobre un escalón y, enseguida,
 reemprendía la marcha.

 Y seguí y seguí hasta que perdí la noción del tiempo.
Arrepentida de la escapada di media vuelta y comencé
A bajar alocadamente las escaleras
A tres y a cuatro,
Y entonces me di cuenta de que nunca volvería al primer escalón

 No tenía más remedio que seguir hacia arriba.

 Aquel lugar debía de tener algo mágico, pues a pesar
de que llevaba bastante tiempo vagando por allí,
no había sentido hambre, ni me daba sueño.
Eran Kilómetros y kilómetros de escalera, completamente a oscuras,
Que subían y subían sin parar. En una ocasión,
Me dí cuenta de que había perdido mis ropas y de que iba
Avanzando por allí en cueros.
Veía
Como sombras que subían y bajaban
A mi alrededor flotando
En la oscuridad impenetrable.
Y, en otra ocasión, ascendiendo por aquella espiral interminable,
Noté que mis cabellos habían crecido de tal manera que rozaban mis
Rodillas al subir. Así era la cantidad de tiempo
Que llevaba inescrutando aquel torbellino de tinieblas
Que no tenía fin.
 Iba subiendo las escaleras. Una tras otra…las uñas de los pies (las de las manos acostumbraba a mordérmelas)
Me habían crecido desmesuradamente
Y me impedían apoyar todo el pie en el escalón. No sé
Cuánto tiempo después ya no me molestaba esa cuestión:
Era como si se me hubiesen esfumado los pies.
 Recuerdo que al principio de iniciar aquella escalada
Solía canturrear de vex en cuando, mientras subía y subía…
Cuando miles de miles de escalera después
Intenté hacer lo mismo ya no emitía ningún sonido, o,
Eso es lo que pensé en un principio.
 Ás adelante comprendí que después de años deambulando
Por la Escalera de la Eternidad,
Me había quedado completamente sorda. Por consiguiente, deduje
Que debía de hacer bastantes años que también
Me hubiese quedado totalmente ciega.

 También debí perder toda mi dentadura por entero,
Mi cara estaba cadavérica y mi cuerpo esquelético y
No recordaba mi nombre.
Mi único anhelo de siempre fue avanzar por aquella
Sucesión infinita de escaleras
que no terminaban nunca.
 A veces pensaba que, tal vez, aquella escalinata
No era una línea espiral interminable,
Quizás llevaba años deambulando por un sendero escalonado
Donde el principio
Se juntaba con el final en una escalera cerrada.
¡Pero tenía que tener algún sentido!

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Renacer

 Cada Navidad celebramos la encarnación de Dios que se hace niño y que entra en la Historia. Mediante el bautismo, Dios entra dentro de nuestra propia Historia personal y se convierte en centro de la historia de nuestra vida.
 Si somos conscientes de esta realidad, tendremos cada día más clara la idea de que Dios es verdaderamente cercano. Cuando rezamos “Padre nuestro, que estás en el Cielo”,  el Cielo no es un lugar más allá de las estrellas, sino que es el centro de nuestro corazón, pues mediante el bautismo, Dios establece su morada y se queda a vivir en nosotros.
 Así desaparecen los términos incapacidad, soledad y todo lo que nos amenaza, cuando Dios nos ofrece todo lo suyo y asume lo nuestro. Un “admirable intercambio”, dicen los padres de la Iglesia: lo humano se convierte en divino y lo divino en humano.
 Cómo cambiaría nuestra vida si fuésemos conscientes de quién mora dentro de nosotros: concédenos, Señor, vivir cada día más conscientes de que Tú moras en nosotros por el Bautismo, nos has hecho hijos tuyos, miembros de tu Iglesia y tu gracia hermosea dentro de nosotros.

martes, 14 de diciembre de 2010

No errar el camino

 Con frecuencia, a diferencia del Evangelio, nosotros decimos que hay que pensar en grande y  relacionamos “lo más grande con lo mejor”. No es cierto que el mayor tamaño signifique lo mejor. Para Jesús muchas cosas cruciales se deciden en campos pequeños. La grandeza la hace nobleza del fin. Un mentiroso no es grande aunque pueda llegar muy alto en la política y en la economía o en las artes; pero quien dice la verdad es grande así se vista de harapos. Si bien es cierto que predican con una perseverancia que tantas veces nos falta a los cristianos. Dicen que el cardenal Richelieu hizo muchas cosas malas y muchas buenas. Las malas las hizo muy bien y las buenas las hizo muy mal. Estas situaciones ilustran las palabras del Señor “los hijos de las tinieblas son más hábiles que los hijos de la luz”.
 Nos hacen creer que estamos asistiendo a una revolución más rica en consecuencias para el modo de vivir de los hombres que el que tuvieron con la venida de Cristo. Y que el bienestar social y el progreso económico serán conquistados en el futuro. Pero olvidamos por completo que lo que más agrada a Dios es entregarnos a hacer el bien a nuestros semejantes en detrimento de nuestro enriquecimiento material y, por el contrario, en provecho de nuestro desarrollo como seres humanos. Nadie ante la muerte le encuentra uso a la riqueza.   Únicamente deberíamos pensar que el Señor algún día nos llamará para darnos su gracia y hacernos capaces de todo aquello que hoy no estamos seguros de poder hacer. Este es el auténtico cometido para el debemos prepararnos aquí en la tierra.

martes, 7 de diciembre de 2010

Creer siempre

 Lo que hagamos a un ser humano se lo hacemos al mismo Jesús: los que desprecian la vida, los que matan a los inocentes no nacidos, los que ignoran a las víctimas del terrorismo, quienes maltratan al hombre y se ríen de su dignidad…
El amor de Dios es infinito
en el cabe toda la humanidad
 Aunque parezca que el mundo no cuenta con Él, el Señor no deja de intervenir, aunque la sociedad parezca no tomarle en serio, Jesús sigue siendo poderoso y actúa en aquellos que tienen fe.
  El Señor sólo nos pide que tengamos fe, la misma fe que llevó a los primeros cristianos a transmitir el Evangelio hasta los confines del mundo. La misma que debemos seguir teniendo para evitar que el mundo se deshumanice, porque cada día nos estamos distorsionando más, y transformando la sociedad sin Cristo en una jungla donde impera la ley del más fuerte. Pero no debemos dejar de confiar en Él.
 En la parábola de la oveja perdida (Mateo 18:12-14), Jesús nos viene a decir que Dios, movido por su gran amor hacia los pequeños, los pobres, los excluidos… por un amor así de grande, es capaz de hacer la locura de dejar todo un rebaño y de ir a buscar la oveja descarriada, que puede ser cualquiera de nosotros.
 Nosotros debemos seguir creyendo en Él, aunque se rían de nosotros, seguiremos teniendo fe en el amor de Dios. Así como el Pastor deja el rebaño para ir en busca de la descarriada, Jesús abandona el lugar junto al Padre y viene al mundo de los hombres para salvarnos a cada uno de nosotros. No le fastidia un peso de amor, porque sabe que el  Padre puede hacer volver a una oveja vagabunda sin contristar a las que ha dejado, porque también ellas se alegran del regreso del pecador. Ese es el maravilloso misterio del amor de Dios.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Adviento: preparamos la venida del Señor


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Johan Sebastian Bach (Jesús, Alegría de los hombres)

 Estamos en tiempo de Adviento, tiempo de expectación y de espera del nacimiento de Jesucristo: tiempo de preparación para la Navidad.
 La Iglesia nos alerta con cuatro semanas de anticipación para que nos preparemos a celebrar la Navidad, el nacimiento de Jesús y, a la vez, para que, con el recuerdo de la primera venida de Dios hecho hombre al mundo estemos muy atentos a estas otras venidas del Señor.
 Es el momento para ver cuales son las cosas que nos separan del Señor y quitarnos todo aquello que nos aleja de Él. Es por eso importante ir a las raíces mismas de nuestros actos, a los motivos que inspiran nuestras acciones.
 Así cuando llegue el día de Navidad, nuestra alma estará dispuesta para recibir a Jesús. Es necesario mantenernos en estado de vigilia para luchar contra el enemigo que siempre estará acechándonos para alejarnos del bien.
 Cada uno de nosotros, por tanto, especialmente en este Tiempo que nos prepara a la Navidad, puede preguntarse: yo, ¿qué espero? ¿A qué, en este momento de mi vida, está dirigido mi corazón? Y esta misma pregunta se puede plantear a nivel de familia, de comunidad, de nación. ¿Qué es lo que esperamos, juntos? ¿Qué une nuestras aspiraciones, qué las acomuna?
Hay una misteriosa correspondencia entre la espera de Dios y la de María, la criatura “llena de gracia”, totalmente transparente al designio de amor del Altísimo. Aprendamos de Ella, Mujer del Adviento, a gestionar los gestos cotidianos con un espíritu nuevo, con el sentimiento de una espera profunda, que solo la venida de Dios puede colmar.
(Palabras del Papa Benedicto XVI pronunciadas el domingo a mediodía, durante el rezo del Ángelus, el domingo 28 de noviembre de 2010 en la Plaza de San Pedro).

lunes, 29 de noviembre de 2010

Ángelus

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 El Ángelus, devoción de origen franciscano, en honor del misterio de la Encarnación, hace una síntesis admirable del mismo, de las personas que intervienen en tan gran acontecimiento y de la misión o actitud de cada una de ellas, con palabras tomadas del mismo Evangelio. 
 San Lucas refiere que el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel le dijo: 
- «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Luego añadió: 
- «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.» María respondió al ángel:
-«¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le aclaró:
- «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.» Dijo María: 
- «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Días después, María fue a casa de Zacarías y saludó a Isabel, la cual exclamó: 
- «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno» (cf. Lc 1,26ss). A modo de conclusión, San Juan añade en el prólogo de su Evangelio:
- «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1,14).

 El toque y el rezo del Ángelus no existían en tiempo de San Francisco ni fue el Santo quien introdujo esta devoción en la Iglesia, aunque la espiritualidad y piedad que él practicaba y enseñaba era un terreno bien abonado para que florecieran prácticas piadosas como ésta; véanse, por ejemplo, sus Cartas a los Custodios (1CtaCus 8, y 2CtaCus 6) y su Carta a las Autoridades (CtaA 7), donde puede apreciarse un reflejo de la costumbre musulmana de convocar al pueblo a la oración mediante el pregón del muecín desde el alminar de las mezquitas, costumbre que Francisco observó en su viaje a Oriente. 
 Por cuanto se sabe, fue Fr. Benito de Arezzo quien, hacia el año 1250, introdujo en el convento de Arezzo el Ángelus, haciendo cantar o recitar, a la caída de la tarde, la antífona El Ángel habló a María (Ángelus locutus est Mariae) mientras sonaban las campanas. El Capítulo general celebrado en Asís en 1269, y presidido por San Buenaventura, estableció que los hermanos exhortaran al pueblo a saludar a la Virgen con las palabras del Ángel cuando al atardecer sonara la campana de completas; posteriormente, ya en el siglo XIV, se introdujo el toque y el rezo del Ángelus por la mañana, y luego también al mediodía (cf. Waddingo, Annales Minorum, a. 1269, vol. IV, pág. 331; A. G. Little, en Archivum Franciscanum Historicum 7, 1914, p. 679 y nota 2, con la bibliografía allí citada).

domingo, 28 de noviembre de 2010

Colorterapia

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Según la física moderna, toda la materia – incluído el ser humano – es energía, luz que vibra con diferentes frecuencias, las mismas que equivalen a los diferentes colores del Arco Iris. Por tanto, a un nivel esencial,  somos colores. Los colores nos afectan psicológicamente, están asociados con estados de ánimo o emociones. Se puede definir el color como, una sensación que se produce en respuesta a la estimulación del ojo y de sus mecanismos.
 El mundo de la naturaleza es una sinfonía de colores que expresa emanaciones de diversos rayos de luz, ya se trate de las delicadas tonos de una alborada o de los vividos matices del crepúsculo, de los tonos maravi­llosos del arco iris o de la suave intensidad del sol de mediodía en verano.
 El número de matices, tintes y tonos de un color es infinito, como lo son los diferentes aspectos mentales, emocionales, físicos y de la salud espiritual que aparecen en el aura en forma de colores.
 El aura es la manera de expresar la presencia de las energías cromáticas, dentro del cuerpo y a su alrededor.
En el aura humana hay tonos de color básicos que revelan clases definidas de talento, hábitos y carácter, y hay un número infinito de tonos de color individuales.
 Los antiguos egipcios fueron los primeros en formular la teoría de la correspondencia entre los colores y la triple constitución humana.
 La colorterapia se beneficia del efecto armonizador de los colores para estabilizar la salud y tratar los trastornos físicos, mentales y emocionales. 
 Si por ejemplo nadas en una piscina, o incluso en el mar, trata de imaginar que con cada largo que das el agua se torna de un color, disfrutando así de todas las propiedades y beneficios de la colorterapia. Aporta equilibrio, bienestar y conciencia en las 4 dimensiones del ser: cuerpo, emociones, mente y espíritu.

sábado, 27 de noviembre de 2010

EL MACETERO (Antonio Molina)

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 Antonio Molina fue creador de un estilo propio de cantar Copla, basándolo sobre todo en la melodía de su voz cristalina y el portentoso aguante de pecho, que rozaba el minuto en algunas ocasiones. Nació en Málaga en el seno de una familia muy humilde. Cuando terminó la mili se marchó a Madrid, dándose a conocer en un concurso para noveles, que convocaba Radio España. Ganó el primer premio y le surgió su primer Contrato para grabar un disco en La Voz de su Amo, por el que le pagaron algo más de cien pesetas. Entre los temas que componían el disco estaban: El macetero y El agua del avellano, que bien pronto se fueron haciendo populares entre el gran público, que escuchaba las emisiones y programas radiofónicos de discos dedicados, y le abrieron las puertas del éxito que siempre había pretendido en la canción.
 En 1952 debuta en el Teatro Fuencarral con el espectáculo Así es mi cante. La difusión radiofónica de sus canciones le conduce rápidamente al éxito y su peculiar estilo, con una voz cristalina y un falsete inconfundible, goza de gran aceptación por parte del público.
 En 1954 crea su propio espectáculo, Hechizo, con el que debuta en el Teatro Calderón. Asimismo, protagoniza varias películas hasta 1965, entre ellas El pescador de coplas, Esa voz es una mina y El Cristo de los Faroles. En Café de Chinitas y Puente de coplas coincide con Rafael Farina.
 En 1986 regresa a los escenarios. En 1990 recibe junto a otros compañeros como Juanito Valderrama un preciado Disco de Platino en reconocimiento a su trayectoria artística. Un año antes se veía obligado a abandonar el mundo del espectáculo al diagnosticársele una fibrosis pulmonar, que se agravaría hasta su muerte en 1992. Su despedida se convirtió en una multitudinaria muestra de afecto popular.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Akonibe 1.981

 Hace veinte años que llegué a la misión 
donde vine para sólo seis semanas 
y todavía sigo en Akonibe, 
y todavía sigo en Akonibe, 
y todavía sigo en Akonibe…

  Abre tus ojos y mira las huellas 
de mis sandalias sobre la arena de la playa. 
Cada noche paseamos bajo las palmeras 
de verano y la luna sonreía todos los arbustos. 
No había más nada que pudiera desear.

  Nos quedamos solos en el refugio, bajo el sol, 
abanicándonos con trozos de corteza… 
Y, en el suelo, una gran mancha roja; 
y, en sus labios, una sonrisa picaresca… 
Dentro huele a velas encendidas.

  Dentro huele a incienso y té con canela… 
Todos los relojes del mundo se pararon y 
se pararon todos los relojes del mundo. 
Jamás volverás por la tarde, si me esperas… 
nunca volverás de dormir bajo la arena.

Dejando huella

Pisas
la  Tierra
al   andar
la   pisas
 fuerte
y no se
 inmuta.
 No se le puede
hacer  daño

 a la tierra 
al pisar

EL Kilimanjaro

Como una masa de tierra removida
cuyos granos han perdido la cohesión
y han tomado una forma cónica.
El ángulo que forma la superficie inclinada
del enorme montón es suficiente
para sostener el talud natural.
Sin más entibación que la que da
la propia naturaleza
el espectáculo, a lo lejos,
bajo el rasante del terreno
resulta grandiosamente acodalado,
desafiando las leyes de la Naturaleza.

La premonición

“Este es el episodio preferido de mis nietos. Cuando vienen de Pachacamac a Lima, yo se lo cuento en el sofá de la sala. Mientras que su abuela nos prepara en la cocina unos deliciosos panqueques que siempre prepara al final de la historia:

 Cuando muchas veces una fuerza (que no sabemos cómo llamarla, hay quien dice que es casualidad, hay quien dice que es la Providencia, hay quien dice que es superstición), le dice a nuestra conciencia que vayamos por un sitio por el que la razón, o los impulsos o nuestros intereses nos advierten que no vayamos y, al final, hacemos caso a esas voces ocultas y comprobamos que, de no haber prestado atención, nos habríamos dirigido al desastre, nos sorprende la manera en que esa fuerza interior nos alertó de ese peligro latente que desconocíamos por completo.
 Hacía diez años que el ingeniero Gálvez y su hija se había instalado cerca de
nuestra pequeña aldea, en la altiplanicie interandina. Se marchó allá al poco
tiempo del accidente que le costó la vida a su esposa, cuando Cara apenas
contaba siete años de edad. Augusto Gálvez dirigía las explotaciones mineras de la zona y, dado las desfavorables condiciones naturales del terreno, había
creado una especie de traje con alas, autopropulsado, que le permitiría
sobrevolar con manejabilidad por el escarpado territorio donde, diariamente,
tenía que transitar.
 El ingeniero exhaló un suspiro de satisfacción mientras contemplaba, orgulloso su obra terminada, o casi terminada: faltaba la prueba final.
- ¡ Será un invento revolucionario! – dijo satisfecho –¿sabrás seguir
guardándome un poco más este secreto?.
- Sí, papá. ¿Cuándo vas a probarlo?.
- ¡El próximo sábado al anochecer, cuando los campesinos hayan dejado sus
campos, seré yo mismo quien vuele en él!.
- ¡Guárdalo de nuevo en su bolsa, Cara! ¡Tengo que regresar a las minas!
–Ordenó el ingeniero mientras cerraba con fuerza la puerta del granero.
- ¡Pobre papá! –pensó Caraire- ¡Ojalá funcione su invento! ¡Le ha dedicado
tantos años! ¡Pero no quiero que ocurra una tragedia: suerte que lo convencí de que se colocara un paracaídas de emergencia!, si algo falla… ¡no caerá en
picado desde la cumbre! ¡Pero creo que voy a asegurarme yo misma de que esto funcione!.
 El taller estaba instalado en el granero de su casa, donde el ingeniero pasaba
largas horas dedicándose tanto a su invento, como a la construcción y
perfección de otros útiles que le encargaban los campesinos del lugar, para
facilitarles el trabajo. A Cara le encantaba ver como se les iluminaba el rostro a aquellas gentes ante los útiles artilugios que les hacía su padre:
arados o tacllas que llegaban a los sitios más escarpados, máquinas de moler y de aventar, lavadoras sin motor y que ayudaban enormemente a las labores de hombres y mujeres de las aldeas vecinas, hasta donde llegaba la fama de los artilugios del ingeniero Gálvez.
 Ahora estaba a punto de comprobar la utilidad de su gran obra a la que había
dedicado la mayor parte de su tiempo desde que se instaló allí. Aquella misma
semana se disponía a hacerla funcionar con él dentro, por lo que Cara se sentía recelosa y preocupada. Bueno, no solamente por esto…
 Hacía varias semanas que la población del lugar estaba un poco revuelta por no sabía bien qué cosa. Pero según había escuchado Cara, parecía que algunas
gentes vislumbraron en el cielo un ave que auguraba mal agüero, y la mayoría de los habitantes de la zona se encontraban muy nerviosos e intranquilos porque pensaban que, probablemente, se avecinaba una terrible catástrofe.
 Pero  Cara o Caraire había decidido, ante todo, proteger la vida de su padre. Porque estaba casi segura de que lo que aquel extraño pájaro había ido a anunciar era el fracaso del invento que los dos –su padre y ella -, llevaban tan en secreto.
 A mediodía, mientras a Augusto le quedaba todavía rato que estar en la mina,
Cara regresó al granero y se acercó, nerviosa, a la bolsa en donde había guardado el aparatoso traje. La cogió con mano temblorosa, se la echó a la espalda y salió de nuevo al exterior. Cara estuvo andando y andando, el tiempo suficiente como para estar lo más lejos posible de la vista de su padre.
  Atravesó páramos, escaló alturas, y llegó a un monte a cuyo borde se divisaban las aguas plateadas de una laguna, se acercó y miró:
-¡Es el sitio perfecto! -Pensó- En caso de que esto se precipite al suelo, la
laguna me servirá de colchón.
Sin pérdida de tiempo la muchacha se puso, con cuidado, aquella extraña
vestimenta. Comprobó que las distintas piezas y mandos quedaban en su sitio y, finalmente, sujetando el paracaídas por los tirantes, se lo colocó en la
espalda como una mochila y lo abrochó con fuerza. Luego localizó la anilla y
respiró con alivio. Se sentía un poco más incómoda de lo que había imaginado. “Tiene que ser algo muy ligero”, había dicho su padre: “No más de nueve kilos, con el depósito lleno”.
- ¡Bueno! – pensó – ¡será cuestión de acostumbrarse!. Y buscó, emocionada, el
contacto para arrancar, “Y, ahora… ¡a volar!”.
 Aquello fue a las mil maravillas. Nunca había experimentado nada igual. Una
experiencia sorprendente e inolvidable. Como sorprendente e inolvidable fue lo
que ocurrió a continuación.
 Al salir de un cañón muy próximo al lugar donde trabajábamos su padre y yo, en una zona escarpada entre pequeños valles, divisó un reducido grupo de casillas que, desde la altura a la que sobrevolaba, se veían de juguete. Los diminutos habitantes de la aldea parecían atareados como hormiguitas, corriendo de un sitio para otro, pero, de pronto, ocurrió algo imprevisto: Cara escuchó el sonido de unos estampidos que parecían ahogarse en el aire:
 
- ¡Cielos!, – exclamó asustada – ¡me están disparando!. Y, rápidamente,
volteando tras una arboleda, localizó una allanada meseta en donde decidió
aterrizar.
 Después de mucho caminar regresó al granero, dejó el traje en su sitio, como lo encontró antes de cogerlo, perfectamente guardado en la bolsa, y entró en su casa, dispuesta a olvidar todo cuanto había ocurrido y descansar. Al poco, llegó su padre un tanto preocupado. Comenzó a explicarle a Cara lo recelosos que habían estado los aborígenes de meterse en las minas todos estos días – por lo del ave de mal agüero que alguien vio merodear la región, hace algunas semanas -. Pero, lo que colmaba la paciencia del ingeniero, era que estaban completamente decididos a abandonar el valle, e instalarse en una angosta faja de desierto que había más al sur:
-¡Dicen que ese maldito pájaro se les ha vuelto a aparecer hoy! ¡Y algún
insensato, que se ha atrevido a dispararle, ha provocado la ira del ave! ¡Por
lo que, esta misma noche ocurrirá una terrible catástrofe! ¡Y es inútil
convencerles de lo contrario: están dispuestos a marcharse!.
“No hay duda –pensó Caraire, preocupada- es la gente que me disparó: ¡madre
mía, me confundieron con el pájaro! ¡Menuda la he armado!”.
 Aquella noche, padre e hija cenaron en silencio y se acostaron enseguida.   Entre sus mantas calentitas, tejidas artesanalmente por las mujeres quechua del lugar, Cara pensó en lo mal que se portó la tarde anterior: “Todo por coger,
sin permiso, el invento de papá” .Y no podía dormir. Quizás debería contárselo
todo a él y que éste les dijera a aquellas gentes que regresaran a sus casas,
porque nada iba a ocurrir… Sí, eso es lo que decidió hacer. Cerró los ojos
cansada y agotada por lo acontecido en la pasada jornada, y, sintiéndose mucho mejor, durmió profundamente.

                      * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
 Vuestra abuela, todavía se emociona después de tantos años, al recordar cómo, a la mañana siguiente, muy de madrugada aún, me escuchó hablar con su padre: yo era entonces el capataz de las minas y había subido, alarmado, hasta el hermoso porche de su sólida y resistente casa de roca, que el mismo ingeniero Gálvez, diseñó y mandó construir en una planicie desde donde se divisaban, hacia arriba, las superficies nevadas de la Cordillera Blanca; hacia abajo, en el distrito de Huallancá, las terrazas cultivadas en escalera, cortadas transversalmente por el valle del Río Santa.
- Señor ingeniero, –me oyó decir- ¡ha sido terrible! La noche pasada la tierra
ha temblado en todo el valle, nuestras aldeas han quedado convertidas en un
montón de escombros. ¡Suerte que el pájaro nos avisó ayer! ¡Si no, todos
hubiésemos muerto sepultados bajo los derribos!.
 En ese momento, Cara sale sonriente de la cocina con una bandeja de panqueques y tres tazas de chocolate.”
                          

"No es Dios de muertos sino de vivos" (Lc 20,27-40).

El máximo enigma de la vida humana es la muerte. Sufrimos con el dolor y con la disolución progresiva del cuerpo. Pero el máximo tormento es el de la desaparición perpetua. Resistiéndonos a aceptar la perspectiva de la ruina total y del adiós definitivo. Sin embargo, la semilla de eternidad que llevamos en nosotros, se levanta contra la muerte. Todos los esfuerzos de la técnica moderna, por muy útiles que sean, no pueden calmar esta ansiedad del humana; la prórroga de la longevidad que hoy proporciona la biología no puede satisfacer ese deseo del más allá que surge del corazón. 
Pero mientras toda imaginación fracasa ante la muerte, Jesús nos dice que el hombre ha sido creado por Dios para un destino feliz situado más allá de las fronteras de la miseria terrestre. La fe cristiana nos enseña que la muerte corporal, que entró en la historia a causa del pecado, será vencida cuando el omnipotente y misericordioso Salvador restituya al hombre en la salvación, perdida por el pecado. Dios nos ha llamado y nos llama a adherirnos a Él con la total plenitud de su ser en la perpetua comunión de la incorruptible vida divina. Cristo resucitado ha ganado esta victoria para el hombre, liberándolo de la muerte con su propia muerte. Para todo hombre que reflexione, la fe, apoyada en sólidos argumentos, responde satisfactoriamente al interrogante angustioso sobre nuestro destino futuro y el de nuestros queridos hermanos arrebatados por la muerte, dándonos la esperanza de que poseen ya en Dios la vida verdadera.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Pensar en nosotros

—Señor, ¿acaso soy yo culpable de tener preocupaciones? Ya quisiera no

tenerlas, ¡pero me vienen por todas partes! No entiendo por qué han de privarme de tu Palabra, si no son pecado, ni vicio, ni defecto. 
—¡Porque olvidas que Yo soy tu Padre y te dejas esclavizar por un mañana que no sabes si llegará!

 

«Si viviéramos con más confianza en la Providencia divina, seguros 
—¡con una firmísima fe!— de esta protección diaria que nunca nos falta, ¡cuántas preocupaciones o inquietudes nos ahorraríamos!.
Yo quisiera grabar a fuego en vuestra mente  —nos dice San Josemaría— que tenemos todos los motivos para andar con 
optimismo en esta tierra, con el alma desasida del todo de tantas cosas  que parecen imprescindibles, puesto que vuestro Padre sabe muy bien lo
que 

necesitáis!, y Él proveerá». Dijo David: «Pon tu destino en manos del Señor, y él te sostendrá». «Yo no debo tener máspreocupaciones que tu Gloria..., en una palabra, tu Amor» .

PADRE DE AMOR

 "Dios es Amor" (1 Jn 4,16), significa no sólo que ama, sino que El es el amor mismo, viviente y sustancial. "Dios es amor" es la frase que refleja fielmente el amor de Dios. Por eso dice San Juan: "El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor" (1 Jn 4,8). Luego el amor proviene de Dios y es Él quien lo demuestra a cada persona otorgándole la capacidad de amar El siempre mora en una atmósfera de amor. El objeto fiel del amor de Dios es Jesucristo, y así lo expresa el Padre: "Este es mi Hijo amado, en el cual me complazco" (Mt 3,17). 
 Leemos en el libro de la Sabiduría: "'Amas a todos los seres, y no aborreces nada de lo que has creado". Y el Nuevo Testamento: “Dios demuestra el amor que nos tiene, porque cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros" (Rom 5,8). "Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo"(103,16).  

 El amor de Dios supera la comprensión humana y nos pone en una situación difícil de resolver. Sólo por la Revelación de su Hijo, comprendemos su amor a nosotros, los pecadores y nos demuestra la gratuita oportunidad de redimimos, "Quiere que todos los hombres se salven,y que vengan al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2,4). "En esto se mostró el amor de Dios en que nos entregó a su Hijo para que vivamos por él. En esto consiste el amor de Dios: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados" (1 Juan 4,8).

 

 


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 Pero ¿qué es lo que Dios ama para seguir siendo Dios? Porque si Dios ama algo que no sea El mismo, deja de ser infinito, pues, por serlo, no le falta ninguna perfección. Dios ama a Sí mismo como Sumo Bien y ama el bien suyo que hay en cada criatura. Algunos filósofos, acusan a Dios de egoísmo trascendental porque ama todas las cosas en orden a él mismo, ignoran la naturaleza del amor, e ignoran la condición de la perfección de Dios, que si amara algo que no fuera él como objeto primario, lo que amara, le faltaría a él y entonces ya no sería Dios; porque si Dios es infinitamente perfecto, en ese caso no lo sería, pues le faltaría la perfección que buscaría en otro ser. Por otra parte, egoísmo es amar buscando su bien propio sacrificando todo lo demás, pero Dios busca siempre el bien de todas sus criaturas y no puede amar en ellas más que el bien, la bondad; la verdad y la belleza que él les ha comunicado o les está comunicando.

(El amor de Dios: Padre Jesús Martí Ballester)

Dichos de luz y amor

San Juan de la Cruz (1542-1591). Carmelita descalzo, doctor de la Iglesia Avisos espirituales:


Oración de alma enamorada: 

¡Señor Dios, amado mío! Si todavía te acuerdas de mis pecados para no hacer lo que te ando pidiendo, haz en ellos tu voluntad, que es lo que yo más quiero. Y si es que esperas a mis obras para por ese medio concederme mi ruego, dámelas tú y óbramelas, y las penas que tú quisieras aceptar... ¿Quién se podrá librar de los modos y términos bajos si no le levantas a ti en pureza de amor? ¿Cómo se levantará a ti el hombre, engendrado y criado en bajezas, si no le levantas Tú con la mano que le hiciste?

¿Con qué dilaciones puedes amar a Dios en tu corazón? Pues ¿qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te pongas en menos ni repares en meajas que se caen de la mesa de tu Padre. Sal fuera y gloríate en tu gloria, escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón.

CARGAR NUESTRA CRUZ

 El cristianismo es un mensaje de amor. ¿Por qué entonces exaltar la Cruz? Además la Resurrección, más que la Cruz, da sentido a nuestra vida. Pero ahí está la Cruz, el escándalo de la Cruz, de San Pablo. Nosotros no hubiéramos introducido la Cruz. Pero los caminos de Dios son diferentes.Los apóstoles la rechazaban. Y nosotros también.


 La Cruz es fruto de la libertad y amor de Jesús. No era necesaria. Jesús la ha querido para mostrarnos su amor y su solidaridad con el dolor humano. Para compartir nuestro dolor y hacerlo redentor. Jesús no ha venido a suprimir el sufrimiento: el sufrimiento seguirá presente entre nosotros.


  Tampoco ha venido para explicarlo: seguirá siendo un misterio. Ha venido para acompañarlo con su presencia. En presencia del dolor y muerte de Jesús, el Santo, el Inocente, el Cordero de Dios, no podemos rebelarnos ante nuestro sufrimiento ni ante el sufrimiento de los inocentes, aunque siga siendo un tremendo misterio.

 
 Jesús, en plena juventud, es eliminado y lo acepta para abrirnos el paraíso con la fuerza de su bondad: "En plenitud de vida y de sendero dio el paso hacia la muerte porque El quiso. Mirad, de par en par, el paraíso, abierto por la fuerza de un Cordero" (Himno de Laudes).
En toda su vida Jesús no hizo más que bajar: en la Encarnación, en Belén, en el destierro. Perseguido, humillado, condenado. Sólo sube para ir a la Cruz.  Y en ella está elevado, como la serpiente en el desierto, para que le veamos mejor, para atraernos e infundirnos esperanza. Pues Jesús no nos salva desde fuera, como por arte de magia, sino compartiendo nuestros problemas.
 Jesús no está en la Cruz para adoctrinarnos olímpicamente, con palabras, sino para compartir nuestro dolor solidariamente. Pero el discípulo no es de mejor condición que el maestro, dice Jesús. Y añade: "El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y me siga". Es fácil seguir a Jesús en Belén, en el Tabor. ¡Qué bien estamos aquí!, decía Pedro. En Getsemaní se duerme, y, luego le niega. "No se va al cielo hoy ni de aquí a veinte años.
 Se va cuando se es pobre y se está crucificado" (León Bloy). "Sube a mi Cruz. Yo no he bajado de ella todavía" (El Señor a Juan de la Cruz). No tengamos miedo. La Cruz es un signo más, enriquece, no es un signo menos. El sufrir pasa, el haber sufrido -la madurez adquirida en el dolor- no pasa jamás. La Cruz son dos palos que se cruzan: si acomodamos nuestra voluntad a la de Dios, pesa menos.
 Si besamos la Cruz de Jesús, besemos la nuestra, astilla de la suya. Es la ambigüedad del dolor. El que no sufre, queda inmaduro. El que lo acepta, se santifica. El que lo rechaza, se amarga y se rebela.


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